| Titulo Noticia: | España, uno de los paises más ciberatacados del mundo |
| Publicación: | El pais. |
| Fecha publicación: | 27/01/2010 |
En 2009 se produjeron más de 40 incidentes "graves" en instituciones y organismos clave españoles. Las fuentes del Centro Nacional de Inteligencia (CNI) que confirman esas más de 40 intervenciones, no facilitan información sobre la procedencia de los ataques. Pero esta es la primera vez que los servicios de inteligencia españoles admiten haber intervenido ante este tipo de acciones.
No todos los ataques fueron casos tan notorios como el de Javier Solana, cuyo ordenador fue penetrado por servicios de inteligencia de "una gran potencia" cuando aún era representante de la política exterior y de seguridad europea. Entonces quedó claro que, hoy en día, nadie está a salvo de los ciberespías. Ningún ministerio en España lo está. Ni siquiera el propio CNI. Según reconoce una fuente de este centro, el año pasado se produjeron cuatro ataques directos contra los servicios de inteligencia españoles: dos contra el CNI y dos contra el Centro Criptográfico Nacional (CCN), el órgano que garantiza la seguridad de las tecnologías de la información en la Administración y que depende del propio CNI.
Hubo un tiempo en que los hackers eran unos tipos graciosos con afán de notoriedad que jugaban a entrar en los ordenadores del Pentágono. Siguen existiendo, sí, véase el episodio Mr. Bean. Pero son otros los que preocupan más a los servicios secretos occidentales. Los hay que venden en el mercado negro internacional por 60.000 euros los agujeros de seguridad que descubren. Hackers que, trabajando de modo directo o indirecto para servicios secretos, ponen a prueba los sistemas de inteligencia del enemigo 24 horas al día. Hackers maliciosos y brillantes que, cuando son pillados en labores de espionaje, conmutan su condena fichando por los propios servicios secretos que han atacado.
Lo que está claro es que España tiene por delante dos retos: el del ciberespionaje y el de la protección ante un ciberataque que pueda paralizar un país. En el primero, ahora se reconocen los primeros incidentes. En el segundo, España está en plena fase de elaboración de su manual de emergencia.
Según señalan desde el CNI, hace tres años los países occidentales destinaban un 1% de sus recursos de inteligencia a la ciberdefensa. Ahora este concepto engloba en torno a un 15% de los recursos. El Centro Criptológico Nacional ha triplicado su personal en los últimos cuatro años.
Son más de 3.500 las infraestructuras que ya han sido catalogadas en España en el plan español. A escasos 18 kilómetros de Madrid, en un polígono industrial de Alcobendas, hay un edificio en el que todas las empresas allí ubicadas forman parte del plan. En su interior, un búnker: el Centro de Operaciones de Seguridad (SOC, siglas en inglés) del Laboratorio de Seguridad en Infraestructuras Críticas. Un lugar que el Ejército protegería en caso de un ciberataque importante.
Hay que pasar siete niveles de seguridad (incluida la identificación por huella dactilar) para llegar al corazón de este búnker. Se trata de un centro privado, pertenece a la empresa de seguridad S21sec. En este centro de paredes, techos y suelos de acero se pueden rastrear un millón de webs diarias, más de 40.000 por hora. Se buscan amenazas en correos electrónicos que llegan a empresas financieras, de gas, de electricidad; a administraciones. El laboratorio recibe financiación de entes públicos que permite poner al alcance de determinadas instancias del Estado, como el Ministerio de Defensa o el CNI, tecnologías punteras. Aquí, los troyanos se destripan en tres segundos. Hace unos años se tardaba más de tres horas.
España es uno de los países más ciberatacados del mundo. Las empresas y los ciudadanos sobre todo. Es el más afectado de Europa, según el último barómetro de seguridad de Interoute, que mide ataques de todo tipo en tiempo real. Como explica un profesional del sector de la seguridad informática, al ser un país donde hay bastante descarga, entra mucho virus y mucho troyano. Mucho ataque.
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